Gran Guerra Hiérica

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La Gran Guerra Hiérica fue un conflicto global que se produjo a finales de la 9ª Generación entre los dioses que defendían a las nuevas razas y los que estaban en contra.

Contenido

Las Razas

Inevitablemente, después del éxito de los Antiguos de Aska, el resto de dioses empezaron a idear, solos o en grupo nuevas razas y posibles evoluciones.

Las cuatro casas principales (Raidos, Darín, Krappler y Dragones) empezaron a dividirse en un sinfín de razas y variantes, apoyadas en su evolución por sus dioses patrones y las condiciones de los planetas. En muchos casos, estas evoluciones fueron incluso forzadas por los dioses, que con su poder "obligaban a evolucionar" a sus seguidores para crear las nuevas razas.

Discrepancias

Al principio, algunos dioses se mostraron reticentes a la evolución, al cambio, las razas fueron poco aceptadas, pero poco a poco se fue extendiendo la simpatía hacia ellas hasta que al final se acabaron aceptando. Aunque no por todos. La mayoría de los dioses hijos de Nash, los dragones y el propio Nash creían que esa estúpida obsesión por crear más razas era solo una enorme herejía contra la obra de La Consciencia.

Durante algún tiempo, los agentes de Nash intentaron acabar con los proyectos de nuevas razas, pero la constante creación de las mismas terminó por colapsar las fuerzas de los dragones y Nash se retiró.

El castigo de Nash

Furioso, el dios de los dragones fue a hablar con La Consciencia para solicitar su apoyo para destruir las nuevas razas que atentaban e insultaban su obra. Pero La Consciencia no consideraba las razas como un insulto a su obra y no escuchó a su hijo.

Más furioso aun, Nash accedió a los últimos puntos de luminaria existente para intentar desgarrar la capa de Materia Oscura que envuelve el universo y permitir así que la Nada entrara en éste y lo destruyera. Pero La Consciencia, que ya se esperaba algo así, engulló a Nash y a su luminaria y los encerró en su interior, donde Nash sufrió en intensa agonía, siendo quemado y sanado constantemente por la inmensa cantidad de energía que emanaba de la luminaria.

Renacimiento

Pasó el tiempo y Nash finalmente fue liberado de su agónica prisión por sus seguidores. Contrariamente a lo que muchos podían pensar, Nash no había perdido poder en aquellos siglos de encierro, al contrario, el dios de los dragones había absorbido gran parte del poder de la luminaria y se había convertido en una entidad mucho más poderosa que cualquier otro dios.

Los motivos. La muerte de Único

La Gran Guerra Hiérica se inició por un cúmulo de situaciones: los constantes ataques de los dioses dragón a las subrazas, los asesinatos de otros dioses por parte de Nash y los constantes conflictos entre las razas iniciales y las derivadas eran un constante en los años previos a la guerra.

No obstante, existe un punto en esta historia que desencadena el auténtico inicio de la Gran Guerra, este punto es la muerte de Único por parte de sus hijos Rágnar y Haya.

Tras su caida, muchos de sus planetas quedaron a la merced de las fuerzas de Nash y fueron arrasados, las venganzas de otros dioses con intereses en esos planetas desencadenaron más represalias. La constante sucesión de ataques y represalias fue desencadenando lentamente la guerra más sangrienta que ha vivido este universo.

Asalto a la esfera interna

Los dioses de Nash estaban impacientes por tomarse la venganza contra el resto de dioses que los habían repudiado por defender las razas iniciales, y decidieron empezar los ataques a gran escala en la esfera interna, que es la porción más interior del universo. Portales se abrieron en los planetas de esa zona, e ingentes tropas de dioses, fanáticos, criaturas divinas y razas primarias entraron en masa desde otras zonas del universo y, rápidamente, tomaron el centro del universo.

Este acto supuso un duro golpe contra muchos de los dioses, ya que la gran mayoría perdieron fieles y sirvientes en este ataque. Abrumados por las fuerzas de Nash, el resto de dioses decidieron unirse para hacer frente su poderoso enemigo.

La defensa y contraataque no se hizo esperar. Los portales se abrieron de nuevo, pero esta vez de ellos entraron coaliciones, ejércitos y dioses. Un conjunto mixto de innumerables razas derivadas que luchaban por su propia existencia. La guerra se volvió muy sangrienta, mientras, uno a uno, los planetas de la esfera interna eran recuperados por la coalición de dioses y razas derivadas.

Nash, consciente de su inminente derrota si el proceso seguía imparable, decidió aislar mágicamente los planetas que aun le quedaban, impidiendo que se abrieran nuevos portales en sus planetas. Acto seguido, y aprovechando sus inmensos poderes, empezó a destruir los planetas que habían sido recuperados por la coalición de dioses.

El final de la Guerra

Tras el aislamiento de Nash, los dioses comprendieron que no podrían contar con sus servidores y que la única forma de ganar la guerra, sería atacando y matando a Nash ellos mismos.

Esta vez, no serían los planetas ni las ciudades las que verían el combate. Esta vez, el combate se decidiría en los cielos. Nash y sus dioses dragón se enfrentaron a los dioses de la coalición lucharon, a muerte, por el control del universo.

Mientras el resto de dioses se peleaban y se destruían entre ellos, Zeros, Nemos y Amaya fueron los que plantaron cara al propio Nash y su increíble poder. Aunque los dioses de la coalición eran muy poderosos, jamás podrían derrotar a Nash en un combate abierto, esto hizo que Amaya recurriera a un arma de Dárbor, el Cetro Divisor de Almas. Con él, seccionó el alma de Nash de su cuerpo y la enterró en las Corrientes del Tiempo, donde permanecería para siempre jamás. La caida del dios de la destrucción supuso el fin de la Gran Guerra a efectos prácticos.

La nueva Generación

Finalmente se había acabado. Una vez Nash había quedado encerrado, el contraataque a la esfera interna se convirtió en una masacre. Muchos dioses habían muerto por culpa de aquel conflicto, y las razas primeras estaban casi extintas.

Al terminar la reinvasión, los tres héroes de la guerra: Zeros, Amaya y Nemos, se reunieron para determinar cómo continuarían las cosas a partir de aquel momento. Como un primer movimiento dividieron el cuerpo de Nash en 7 partes para evitar que, si alguna vez volviera, pudiera habitar de nuevo su cuerpo. Los fragmentos fueron entregadas a los dioses dragones que sobrevivieron para que las custodiaran como pago a los daños causados. A partir de aquel momento, los dragones empezaron a derivarse, creando las 7 razas de Dragones mayores y posteriormente un sinfín de Dragones menores.

Lo siguiente que hicieron los tres dioses fue declarar el inicio de una nueva era, que fue bautizada por Nemos como la 10ª Generación.

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