Hermanos Enfrentados: Preludio
De La Wiki de Klerix
Preludio
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| Tipo: | Misión |
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| Fecha: | 27 de Julio de 2008 |
| Asistentes: | 40~ |
| Resultado: | Victoria de Arnarath |
Contenido |
Introducción
Texto sustraido del diario personal de Cassius Volfid, obispo de Haya y consejero personal del emperador Theodor Solaris II.
El emperador ha muerto. Con él se fué un amigo, un líder abnegado y una figura ejemplar de lo que un auténtico solaris debe ser. Theodor levantó este pueblo de entre sus cenizas, convirtió las tierras del Círculo en un lugar fértil y digno en el que vivir.
Ahora que el Credo de Solaris recupera parte de su antiguo esplendor, un nuevo emperador ha sido elegido para subir al trono. Frederic Solaris III es el hijo primogénito de Theodor y ahora nuestro nuevo emperador. Tan sólo tiene 17 años, demasiado pocos para soportar tanto peso sobre sus hombros, aunque, al fin y al cabo, nuestro bienamado Solaris Astra recibió el título de paladín a los 18.
Hasta que se afiance en su nueva posición, recibirá la ayuda de consejeros y ayudantes; a mi me encantaría colaborar, pero a mi avanzada edad debo conformarme con mirar y confiar en el buen criterio del descendiente de Solaris.
Aconsejado por el Teócrata, el emperador ha decidido convocar a los elfos en una reunión para afianzar los lazos entre nuestras razas, celebrando la unión de los patrones de ambos imperios. Pero hay algo que no me gusta en todo esto, no es sólo mi desconfianza hacia los elfos, si no ante las intenciones de la propia corte lo que me hace titubear.
Por ello, me veo en la obligación de hacer mi última aportación como consejero, fui un gran amigo de su padre y a mi me escuchará. Mañana por la mañana, propondré al emperador a uno de los mejores paladines del imperio para la misión, un hombre que ha demostrado en varias ocasiones una templanza y una sensatez que puede ir muy bien en una reunión donde se deciden tantísimas cosas.
Tan sólo le ruego a Haya que el destino de este imperio no sea la guerra.
Discurso en Solaris
Texto extraido de los manuscritos de la Orden de la Cruz de Plata, transcrito de un discurso del Gran Maestre Jaques de Molay durante el gran banquete de primavera de la orden.
Hermanos, vecinos, miembros de la orden.
Aquí nos encontramos hoy, celebrando el equinocio de primavera a la luz de las velas y en compañía de seres queridos. Nos encontramos en un momento de júbilo y celebración, pero no puedo evitar sentir la melancolía en mi corazón por aquellos que hoy no están entre nosotros... Y estoy seguro de que muchos de vosotros también echáis en falta la compañía de alguna persona especial... Yo mismo hecho a faltar a mi hermano, pero no sólo hoy, en un día de celebración, si no cada día desde el momento en que una flecha élfica me lo arrebató.
El nuevo emperador, Solaris III. Al que servimos con honor y pleitesía, ha pedido a la Cruz de Plata que forme un escuadrón para una misión diplomática. El lider de esta misión es un antiguo hermano nuestro, que fue seleccionado años atrás para asumir el sagrado honor de convertirse en uno de los paladines de nuestro imperio; uno de los rangos de mayor orgullo que un solaris puede aspirar a tener. Dicha misión, tiene por objetivo afianzar la débil alianza entre elfos y humanos y, mal que me pese, si esa es la voluntad del emperador, ese será el objetivo de la misión. Pero estaremos atentos, si un sólo elfo actúa de forma vil, oscura o traicionera, no tendrán suficiente bosque para esconderse de nosotros.
Como yo, muchos de vosotros habéis perdido hermanos, padres y maridos a manos de los viles habitantes de los Bosques. ¡Su constante uso de la magia, su conducta tricionera y su sangre corrupta y mancillada son un insulto a la memoria de los Magos del Círculo! Su decadencia es cada vez más y más evidente. Endogámicos e inmorales; ¡reuniéndose en bacanales, en invocaciones de fuerzas oscuras o en el estudio de magias prohibidas! Los tiempos del Círculo ya se han acabado y, como niños traviesos sin la dura mano de su mentor, se descarrían y viajan por sendas tenebrosas y prohibidas. ¿Es que ya no queda nadie para enseñarles el camino de los justos? ¿Es que nadie va a imponer la implacable justicia que requieren sus actos? ¿Es que todos los defensores de la cordura, del camino y de la verdad han muerto? No, ahora nos toca a nosotros. ¡Seremos nosotros quienes enseñaremos a esos orejas puntiagudas el verdadero y único camino! ¡Mientras quede una sóla gota de sangre pura por mis venas no desfalleceré! ¡Mientras un hermano mío siga luchando yo lucharé a su lado! ¡Mientras un sólo humano sufra, llore o tiemble por la acción de los elfos no les perdonaré! ¡Y mientras quede un sólo elfo vivo, mi martillo y mi espada no dejarán de caer sobre ellos como la furia misma de los dioses!
¡Levantáos, sirvientes de Térion, Haya, Nemos o Byslán! ¡Levantáos y alzad vuestras armas al cielo! ¡gritad, gritad con todas vuestras fuerzas! ¡Que nuestros enemigos oigan la furia del pueblo de Solaris! ¡Hijos e hijas de la luz, unidos nuestra fuerza será imparable! ¡Juro ante la cruz plateada, que no descansaré hasta terminar con la vida de cada elfo que encuentre en mi camino hasta la victoria! ¡Gloria a Solaris! ¡Gloria a la Cruz de Plata! ¡Y gloria a la Humanidad!
Discurso en Arnarath
Transcripción del discurso de Henshin'Faralar, patriarca del clan del León Dorado, llevado a cabo en el Robledo de la Rama Blanca, en el año 51 tras la caída del círculo.
Ya ha pasado medio siglo, parece que fue ayer... Yo luché al lado de la gran Arnarath'Naku, Corazón de Plata, sus ojos resplandecían con la mismísima luz de Amaya. Y no fue, si no gracias a su sacrificio, que hoy podemos vivir en paz en nuestros bosques.
Pero parece que esta paz pronto terminará.
Humanos, decadentes e irascibles humanos. Portadores siempre de desgracias hacia nuestra poderosa raza élfica. Hace treinta años les dimos la opción de venir con nosotros, de abandonar las devastadas y estériles tierras del círculo, para encontrar un lugar entre nosotros como hermanos, pero ellos lo rechazaron y nos tacharon de traidores. Aferrados a su montón de tierra quemada injuriaron y gritaron al vernos marchar, para, pocos años después, perseguir y matar a nuestros hermanos que se habían quedado para ayudarles a crecer. Empuñando que la fuerte sangre élfica mancillaba su patético honor mortal.
¿Que pudo ver nuestra bienamada Arnarath'Naku en los ojos del vil y mezquino Solaris Astra? ¿Porque ataría nuestro destino al de tan efímeras criaturas, que son incapaces de recordar de una generación a la siguiente los favores y poderes que les regalamos?
Y ahora nos piden una reunión. El consejo de patriarcas ha aceptado, ellos buscan la paz, pero no creo que pueda decir lo mismo de los seguidores de Solaris. Incluso si sus intenciones parecen buenas, sus acciones revelarán su maldad.
No les permitiré escapar, no van a doblegar nuestra voluntad. La "Gran Purga" será recordada como la última gran matanza de los humanos de estas tierras. Vengaremos todas y cada una de las almas que muerieron entonces y las almas de cada elfo que haya muerto a manos de un humano durante toda la historia. ¡Demostraremos al consejo que los humanos mienten y llevaremos Los Bosques a la guerra!
Los antiguos clanes, cuyas líneas de sangre ya se han restablecido cabalgaran de nuevo y esta vez no lo harán para ayudar a los humanos, ¡Sino para destruirlos!
¡Por Lanh la verdad será revelada! ¡Por Shan-dir nuestros arcos les darán caza! ¡Por Terra nuestros bosques cobrarán vida! ¡y Por Amaya acabaremos con la vida de cada humano que se haye en nuestro camino!
¡Larga vida al León Dorado! ¡Larga vida a los Bosques y Gloria a Arnarath!
Resumen de la Partida
Enviado por Xacan.
Epílogo
En una oscura sala...
La tenue luz de una vela es la única luz que iluminaba la sala. Las llamas rutilan cerca del rostro cobrizo de la estatua de una sierpe, cuyos ojos vacíos reflejan la sutil danza del fuego. En las fauces de la estatua, reposa una enorme espada de laen mate rezumando poder oscuro. Un hombre encapuchado permanece arrodillado frente a la estatua, las oscuras ropas sólo permiten vislumbrar sus blancas y esqueléticas manos, entrelazadas en un gesto solemne. En la inmensa oscuridad de la estancia, tal vez una cueva, tal vez una mazmorra, resuena el tenue murmullo de la voz del encapuchado, arrastrada y cruel, entonando antiguos cánticos prohibidos, que evocan a dioses de la oscuridad.
De pronto, el murmullo sordo queda ahogado tras los sonidos de pisadas descalzas. Una segunda figura, también encapuchada y vistiendo una máscara blanca de larga nariz, entra silenciosa en la sala y se arrodilla a unos metros del primer cultista, aguardando en silencio, con la mirada perdida en los cobrizos reflejos de los ojos de la sierpe. El recién llegado aguarda en silencio, de forma paciente, mientras el primer encapuchado termina sus cánticos.
-¿Y bien? -dice el primer encapuchado sin girarse tras acabar el cántico.
-Todo ha salido según lo planeado -contesta la segunda figura, con una voz mucho más joven, pero igual de solemne-. La guerra ha empezado, mi señor, tal como ordenásteis.
-Excelente -contesta la primera figura alzando la vista hacia la sierpe.
Transcurren unos segundos de silencio hasta que el primer encapuchado se levanta y se acerca hacia la estatua. Sus blancas manos se alzan temblorosas hasta asir la empuñadura de la espada.
-Lo noto -dice el cultista-. Noto la furia del señor oscuro, su impaciencia. Quiere volver, está deseando volver a este mundo.
El segundo cultista no dice nada, permanece arrodillado, mirando hacia el suelo en silencio.
-Esta espada es su ancla -dice el primer cultista-, lo que le mantiene atado a este mundo. Hemos permanecido en las sombras, organizándonos durante mucho tiempo... demasiado. Ahora, ha llegado el momento de ver la luz, de dar nuestro siguiente paso. Con la guerra en ciernes, nadie se percatará de nuestra presencia. Seremos invisibles ante sus ojos.
-La vuelta de nuestro señor está cerca -contesta por fin el segundo sectario-. ¡Alabado sea el oscuro!
-Alabado él -afirma el primer sectario girándose-, y alabados los sacrificios que le traerán de vuelta, aunque ni siquiera ellos saben que han sido elegidos.
Una maligna risa embriagadora llena el pesado aire de la estancia, resonando en las lejanas paredes y techo; coronadas por el débil reflejo de la vela en la máscara de cobre portada por el líder de los sectarios.


